Cómo las apps nos espían a través del micrófono

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Seguro que todos hemos visto alguna vez en alguna película como un grupo de personas entra a una habitación, pero antes todos dejan sus teléfonos o cualquier dispositivo electrónico fuera, bien en un maletín, una taquilla, etc.; en resumen, en algún lugar lejos de donde se encuentran. En el guion de la película esto sucedía porque el anfitrión de la reunión tenía miedo de que lo que fuesen a decir pudiese ser grabado; actualmente podemos decir que hay otro tipo de amenaza que podría dar lugar a estas escenas en las películas.

Empresas como Facebook lo han negado y lo siguen negando constantemente, pero lo cierto es que la realidad juega totalmente en contra de las compañías que afirman que no usan los micrófonos de nuestros teléfonos para tener acceso a nuestras conversaciones y así poder mostrar publicidad más acertada, entre otras cosas.

Las aplicaciones usualmente hacen esto en segundo plano; cuando las descargamos en el App Store o Google Play, la mayoría de los usuarios suelen aceptar las condiciones de descarga sin pararse a mirar cuáles son los permisos que dan, y entre éstos se encuentra el acceso al micrófono (y a la cámara). Cuando aceptamos que las apps tengan acceso en todo momento al micrófono de nuestro teléfono, básicamente estamos dejando una grabadora encendida las veinticuatro horas del día.

Se suponía que con la llegada de Android P los usuarios dispondrían de una mayor protección frente a esos sucesos; las mejoras de seguridad son cuestionables.

Hace tan solo unas semanas estaba conversando con una amiga y ambas coincidimos en que nos apetecía una pizza de una pizzería determinada; nuestros teléfonos estaban encima de la mesa. Media hora más tarde, a mi amiga le apareció un anuncio en Instagram, “casualmente” de la pizzería de la que estábamos hablando (fue en ese momento cuando entendió por qué no me gusta tener el teléfono cerca, sea cual sea el tema del que estoy hablando).

Hay otras compañías, como Google, que reconocen abiertamente que hace uso de nuestro micrófono para recoger este tipo de información. ¿Cómo lo hace? Cuando decimos “OK Google”; a partir de ese momento, todo lo que decimos queda almacenado en los servidores de la compañía. Esta función la podemos desactivar de la siguiente manera: Ajustes – Google – Búsqueda – Voz – Reconocimiento de voz. Para los usuarios de Apple: al decir “Oye, Siri”, la historia es la misma.

Teniendo en cuenta la forma en la que presumía Facebook acerca de la protección de los datos de sus usuarios para más tarde escandalizar a medio mundo con el caso de Cambridge Analytica mientras otros pocos decían “Os advertimos que esto pasaría”, ¿por qué deberíamos creer que, por ser personas “normales”, nuestros datos no van a ser utilizados? En el mundo de Internet lo que da poder, y, en consecuencia, lo que da dinero, es la información acerca de los usuarios. Y, ¿quiénes son los usuarios? Nosotros, las personas “normales” (puede que me equivoque, pero dudo que los políticos manejen sus cuentas de Twitter, al menos no sin que alguien las revise antes).

Quizás lo peor de todo esto es que, en cierto modo, es legal; hasta cierto punto las compañías están respaldadas por algunas leyes recoger nuestra información, ya que somos nosotros quienes les damos el acceso, como se ha señalado anteriormente, al aceptar los términos y servicios.

Por ello se torna importante que una vez que descarguemos las aplicaciones vayamos a los ajustes de configuración de nuestro teléfono y deneguemos el acceso de las aplicaciones a funcionalidades como el micrófono y la cámara, o, al menos, ajustarlo de manera que las aplicaciones accedan a ambas cosas tan solo cuando las estemos usando. Existen aplicaciones que también nos ayudan a mejorar la privacidad de nuestro teléfono, como por ejemplo CameraMicAlert, la cual nos avisa cuando aplicaciones como Instagram o Facebook están usando la cámara o el micrófono sin nuestro permiso. Es de pago, pero quizás merezca la pena con tal de evitar llevarnos algún susto, pues la información recopilada no solo se usa con fines comerciales; teniendo en cuenta que la mayoría de las aplicaciones son estadounidenses, los datos de nuestras conversaciones pueden llegar a acabar en manos de la NSA (la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos) o la CIA; no sé el tipo de conversaciones que soléis tener a la hora del café, pero por si acaso, mantened los teléfonos lejos.

Bromas aparte, el hecho de que nuestros teléfonos recogen información privada de manera constante es una realidad, y que lo hacen a través de nuestros micrófonos (además de mediante otros métodos) personalmente también me parece verídico a raíz de ciertas experiencias que he tenido, como la que contaba un poco más arriba. No obstante, la atención que cada uno le ponga a esto va a depender del nivel de preocupación que tengamos como individuos sobre nuestra privacidad, pero quizás no estaría de más revisar la configuración de las aplicaciones que tenemos instaladas, y mantener los teléfonos a una distancia prudente cuando hablemos de ciertos temas, sobre todo dependiendo del país en el que vivamos.

 

Bibliografía:

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