Cómo prevenir que su hijo sufra ciberbullying

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El ciberacoso o ciberbullying es el daño intencional y repetido (no un caso aislado, sino algo prolongado en el tiempo) infligido por parte de un menor o grupo de menores hacia otro menor a través del uso de medios digitales.

En 2016, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó de que “España es uno de los países donde más ciberacoso sufren los menores”, y en el momento de la publicación del informe en el que se basa este artículo (ver bibliografía), en éste se indicaba que “el ciberbullying afecta en mayor grado a las chicas que los chicos (según la Fundación ANAR, el 70% de las víctimas son chicas), a diferencia del acoso escolar tradicional, que ofrece cifras más equitativas entre sexos”.

A diferencia del acoso tradicional que algunos alumnos sufrían en las escuelas y que en cierto modo terminaba cuando se iban a casa, el ciberbullying está caracterizado por su inmediatez, extensión generalizada, el anonimato de quien lo realiza, y la presión ejercida sobre la víctima en cualquier momento del día mediante a través de, por ejemplo, la publicación de contenidos comprometedores, lo que puede dar lugar a una mayor sensación de desamparo en la víctima. La peor parte quizás es cuando el acoso tradicional en las aulas se combina con el ciberbullying, algo cada vez más frecuente puesto que los menores tienen acceso a las nuevas tecnologías a edades muy tempranas. El anonimato en particular hace que el acosador actúe de una manera mucho más impulsiva y sin pensar en las consecuencias o en el daño que puedan estar causando, además de que le da una falsa sensación de poder e invencibilidad sobre la víctima.

La viralidad es una de las principales armas del ciberbullying, puesto que, mediante redes sociales, mensajería instantánea y el correo electrónico se pueden divulgar contenidos comprometidos de la víctima de forma masiva y casi imparable. Debido a esta viralidad, muchas veces es una persona quien inicia la acción de ciberacoso pero posteriormente son otros quienes la continúan. A estos últimos los podríamos definir como espectadores. Son quienes que hacen parte de la opinión pública y ayudan a aumentar la exposición de la víctima mediante la difusión del contenido en cuestión o haciendo comentarios hirientes y/u ofensivos, o a veces incluso con un simple “me gusta”.

Una de las formas de parar este tipo de situaciones es haciendo que, sobre todo los espectadores se pongan en el lugar de la víctima y la respalden y, a su vez, muestren rechazo a quienes acosan, ya que muchas veces es la reacción de terceros lo que provoca que una acción que inicialmente podría no haber tenido importancia, acabe por tenerla.

Consecuencias

El ciberbullying deja secuelas tanto físicas como psicológicas, las cuales se incrementan en los adolescentes debido a su edad. El sufrimiento generado es inmediato y prolongado, y esto puede dar lugar a conductas violentas para conseguir sus objetivos y/o defenderse. A veces, el acosado puede llegar incluso a convertirse en ciberacosador, presentando estos últimos mayores niveles de ansiedad, depresión, aislamiento y consumo de sustancias tóxicas.

Además del impacto psicológico, también existen consecuencias de índole social y educativas, y normalmente el miedo a empeorar la situación hace que el adolescente no informe a sus padres ni a sus profesores, creyendo a su vez que solo podrá afrontar y normalizar la situación.

Todo esto viene acompañado de un progresivo descenso del nivel de autoestima y posteriormente posibles depresiones, fobias sociales, aislamiento e incapacidad de relacionarse con los demás, etc. El punto más grave se alcanza cuando el menor termina por tener pensamientos suicidas.

Hay que tener en cuenta que el ciberbullying no tiene consecuencias únicamente para la víctima, sino que cabe una gran posibilidad de que el acosador poco a poco vaya desarrollando actitudes cada vez más violentas que deriven en actos vandálicos, delincuencia, etc.

Indicios de que algo va mal

Hay que prestar mucha atención a la actitud del menor, ya que las consecuencias del ciberbullying, a no ser que se torne en violencia física, no son visibles.

Si percibimos que muestra síntomas como irritabilidad, nerviosismo, tristeza, baja autoestima, dolor abdominal, trastornos del sueño, etc., debemos poner atención y preferiblemente crear un ambiente propicio en el que el niño o niña sienta que puede hablar con nosotros.

Los cambios físicos y emocionales más frecuentes son:

  • Repeditas manifestaciones de dolencias, como dolor de estómago o de cabeza.
  • Alteraciones del estado de ánimo.
  • Momentos de tristeza y/o apatía e indiferencia.
  • Ansiedad y/o estrés.
  • Signos inusuales de comportamiento agresivo.

Los cambios más frecuentes en el contexto académico son:

  • Se ve involucrado en incidentes en la escuela.
  • Se reduce su capacidad de concentración y para prestar atención.
  • Altibajos en los tiempos de estudio y en el rendimiento escolar.
  • Pérdida de interés en la escuela.
  • Pérdida y/o deterioro de pertenencias físicas.
  • Lesiones físicas frecuentes sin explicación razonable.

Los cambios de conductas sociales más frecuentes son:

  • En sus actividades de ocio habituales.
  • En su relación con los adultos en cuanto a frecuencia y dependencia de ellos.
  • En la cantidad de comida que come y las formas de comer.
  • En los hábitos de sueño (por ejemplo, pesadillas frecuentes).
  • De improvisto deja de usar el ordenador y/o el teléfono.
  • Variaciones repentinas en los grupos de amigos.
  • Autolesiones, amenazas o intentos de suicidio.

Cómo surge el ciberacosador

  • Motivos internos: redirección de sentimientos de frustración, venganza, sentirse mejor consigo mismo, aburrimiento, buscar la aprobación de alguien, etc.
  • Motivos externos: creer que la agresión no conlleva consecuencias, no tener que enfrentarse presencialmente con la víctima y así no exponerse a una reacción, etc.

En las redes nos podemos encontrar también con lo conocido como hater o troll. Se trata de alguien que busca satisfacción personal mediante la descalificación constante, dando opiniones intencionadamente para molestar a los demás y/o provocar determinadas reacciones de enfrentamiento, además de comentarios ofensivos escudándose en el anonimato. Frente a ellos es mejor no mostrar una reacción, pues es eso precisamente lo que buscan.

Cómo se produce el ciberbullying

En numerosas ocasiones lo que sufre la víctima es una combinación de acoso físico y virtual. Por ejemplo, un alumno golpea a otro en el instituto, alguien lo graba con el móvil y publica y difunde en Internet el contenido.

También resulta frecuente que haya habido un contacto previo entre el acosador y la víctima, por ejemplo, en el patio del recreo, donde se pueden haber dado situaciones de exclusión y aislamiento. No obstante, es necesario tener en cuenta que, debido a la inmensidad de las redes sociales, puede haber ocasiones en las que el ciberacosador no conozca a la víctima.

Tipos de ciberacoso

Las formas de acoso en la red van desde el hostigamiento de la víctima y la exclusión social hasta la manipulación de datos y publicación de fotografías y vídeos sin consentimiento con el fin de chantajear y/o humillar a la persona. Se pueden destacar los siguientes tipos:

  • Amenazas e intimidación.
  • Acoso o acecho.
  • Difamación.
  • Ostracismo, rechazo o exclusión.
  • Robo de identidad, acceso no autorizado o suplantación de identidad.
  • Difundir información y/o imágenes privadas de la víctima: existe un agravante si se trata de contenido sexual. Se incluyen aquí los casos de sextorsión y grooming.

Qué deben hacer los padres frente al ciberbullying

Uno de los principales métodos de prevención es el fortalecimiento del carácter de los menores, puesto que no podemos controlar quiénes son las personas que se relacionan con ellos.

Hay que ser prudente con la edad a la que se le da al menor su primer dispositivo, y se le debe acompañar en sus primeros pasos por las redes sociales. De acuerdo con el Dr. Luis Boza, director de la Fundación Aprender a Mirar, “[…] Si el niño, desde que empieza a interactuar en la Red, está supervisado y acompañado por los adultos, aprenderá que hay unos límites que deben ser respetados […]”.

Es necesario crear un espacio de comunicación propicio para que surja confianza en el menor y se sienta cómodo para hablar con los padres, tanto para cuando es víctima, como para cuando es acosador y necesitemos que nos explique el por qué. Aunque el menor no sea víctima ni acosador, será conveniente hablar sobre qué es el ciberbullying y en qué consiste un buen uso de las redes.

Otra forma para evitar el ciberbullying o reducir su impacto es conocer los lugares que el menor visita y las personas con las que habla, sin que eso suponga una agresión a su intimidad. No se trata de preguntarle constantemente qué le ocurre si lo vemos un poco triste, todos tenemos altibajos, ni tampoco de no implicarnos en absoluto por temor a que se moleste; debemos encontrar el punto medio.

Resulta a su vez primordial que los padres se mantengan informados sobre los contenidos y herramientas de Internet a través de fuentes acreditadas. Aquí entran en juego las herramientas de control parental, aunque éstas deberían ser el último recurso ya que podrían acabar con la confianza del menor; es conveniente usarlas solo para detectar conductas y actividades de riesgo, o para salir de dudas al apreciar cambios o rarezas en su comportamiento.

No debemos, bajo ningún concepto, decirle al menor que el ciberacoso se trata de cosas de niños, ni negar el problema por no poder verlo, ya que esto aumentará su frustración y sensación de soledad. Si nos dice que está sufriendo acoso/ciberacoso, debemos actuar, escucharle sin sobreactuar para que no sienta que el problema nos sobrepasa y, sobre todo, debemos apoyarle.

Hay que entender a su vez que las tecnologías no son el problema; el problema es la falta de formación tecnológica y de empatía por parte del acosador.

Debemos aconsejar al menor que no es recomendable contestar y entrar en el juego de quien le acosa, así como tampoco lo es usar un lenguaje ofensivo. Que no difundan información y/o imágenes comprometidas, ni propias ni de otros; que no compartan las contraseñas ni confíen en desconocidos.

Si detectamos un caso de ciberacoso, debemos hacer captura de pantalla de todo aquello que pueda ser útil como prueba.

Cuando el menor no es acosador ni víctima, sino espectador, hay que explicarle que en esos casos debe mostrar rechazo y posicionarse del lado de la víctima, así como notificarlo a un adulto o a los responsables del centro educativo.

Si se establecen normas, es conveniente evitar la prohibición puesto que puede ser contraproducente; más bien, hay que fomentar la confianza y acompañar al menor en el proceso, como ya se ha indicado.

Al final de este artículo se exponen métodos de proceder más específicos, por ejemplo en caso de tener que contactar con las autoridades.

Cómo prevenir o minimizar los efectos del problema

  • Informar, educar y concienciar.
  • Aprender a ser responsables y conscientes de las consecuencias de los actos.
  • Reflexionar antes de publicar. Minimizar la impulsividad a la hora de publicar.
  • Estas acciones están tipificadas en el código penal: en España, la Ley de Protección de Datos regula el uso que se hace de imágenes, datos personales o vídeos en la red, estipulando fuertes multas para los casos en los que se invade la privacidad de una persona. Las infracciones legales aplicadas en las TIC se clasifican en:
    • Acoso e intimidación sexual.
    • Delitos contra la intimidad.
    • Delitos de opinión (opiniones que inciten a la violencia, discriminación, etc.).
    • Delitos contra la propiedad intelectual.
    • Estafas o robos informáticos.

En estos casos la legislación NO protege al menor por el hecho de ser menor, en contra de lo que los menores suelen pensar, y aunque la acción que realicen sea a través de Internet y bajo el anonimato, SÍ pueden ser identificados.

  • Reflexionar sobre el uso de las redes sociales en el contexto escolar.
  • Reforzar la autoridad del profesor.
  • Dar una buena formación sobre el entorno digital en el que se mueven y relacionan los menores.
  • Trasladar las características y los riesgos de la red.

 Cómo actuar si detectamos un caso de ciberbullying

  1. Evaluar el caso y tratar de paliar y minimizar los efectos negativos.
  2. Debemos ayudar a que el menor siga adelante y tratar de hacer que no se deje afectar más de lo necesario, dándole nosotros mismos la importancia justa que se merezca y no caer en el victimismo, pero bajo ningún concepto debemos hacerle sentir que lo que le ocurre no es importante, que son imaginaciones suyas, etc.
  3. Reforzar su autoestima.
  4. Buscar ayuda y asesoramiento si lo vemos necesario. Las autoridades sólo deben ser contactadas si existe una amenaza real de violencia, o si hay evidencias de una infracción de la ley.
  5. Si el menor no tiene la información, ayudarle a bloquear los perfiles de usuarios que le hayan incomodado, cambiar la configuración de privacidad, etc.
  6. Aconsejar al menor para que intente actuar como si no le importara, ya que así muchas veces el acosador acaba por desistir.
  7. Hablar con alguien que haya pasado por una experiencia similar y pueda aconsejarnos.
  8. Si las imágenes u otros datos propios del ciberacoso violan la ley, deben ser preservados apropiadamente como evidencia. Debemos reunir pruebas, por ejemplo, mediante capturas de pantalla o guardando conversaciones, sobre todo si los contenidos corren el riesgo de ser borrados.
  9. Si el contenido es perturbador pero no ilegal, habrá que proceder a eliminarlo para contener el incidente. Lo mejor es que lo haga quien lo ha publicado, pero si no conocemos a la persona, deberemos ponernos en contacto con el sitio o servicio web donde se ha publicado el contenido.
  10. A partir de los catorce años, el menor puede recurrir directamente a organismos como la Agencia de Protección de Datos (AEPD) y solicitar la retirada de determinados contenidos que vulneren sus derechos. En edades inferiores, deberán ser los padres quienes informen.
  11. Ejercer el derecho al olvido en caso de contenidos ofensivos.
  12. Olvidarnos un poco del acosador y ver cómo el menor acosado está llevando el problema.
  13. Si se ve oportuno, hablar con los padres del acosador. Debemos tratar de buscar su complicidad.
  14. No intervenir directamente como adulto en los cruces de mensajes que puedan ser objeto del ciberacoso.
  15. No propiciar una situación en la que el menor se sienta aislado a causa de las restricciones.

 

Recursos útiles

 

Bibliografía

  • Estébanez, Alex (2017, enero). Pasos para evitar el ciberbullying – ¿Puedo conseguir que mi hijo no sea una víctima? Consejería de Políticas Sociales y Familia y Dirección General de la Familia y el Menor.
5 comentarios
  1. Saludos.
    La gente tiene que entender , que entrar en un foro , chat , red social , es una forma de exponerse al mundo, un mundo donde la gente bajo una mascará , te dará su opinión , buena o mala , si una persona tiene algo de debilidad moral , es mejor que se mantenga el margen ya que aunque sea una critica constructiva como un ataque directo de una persona malintencionada y con escrupulos , puede perjudicar de por vida a la receptora de tales comentarios.
    Internet no es un sitio seguro , muy dificilmente que lo sea , es una especie de salvaje oeste y en consecuencia , hay que adaptarse a él.

    A mi opinión , no entra en polémicas , no alimentar a los trolls.

    1. ¡Hola! Gracias por tu comentario. 🙂

      En cierto modo estoy de acuerdo contigo, pero soy más de la opinión de que no hay que aislar al que sufre sino educar al que acosa. Lo digo desde la experiencia propia, ya que a mí me hicieron bullying en el colegio y el instituto, y sobreproteger y/o aislar dista mucho de ser la solución, primero porque se hace sentir a la víctima que en cierto modo es su culpa, o incluso se puede aumentar su sentimiento de victimismo, cosa a evitar como he mencionado en el post. Y por otra parte, manteniendo al margen de ciertos sitios a quien sufre el acoso hará que el acosador sienta total libertad para hacerlo de nuevo ya que verá que no es él quien sufre las consecuencias, sino la persona a quien ha dirigido el ataque. Aunque resulte difícil, hay que enseñar a la gente a usar Internet de forma positiva y sin perjudicar a nadie, y es necesario que todos nos expongamos al mundo real en lugar de crearnos una burbuja, ya que las situaciones de acoso se pueden dar hasta en el trabajo, y de ahí es probable que no se pueda huir con facilidad ni mantenernos al margen. Aquellos que respetan no tienen por qué privarse de los beneficios de Internet por la falta de empatía de otros.

      ¡Saludos!

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