Datos, datos, datos

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Releo una antigua revista de informática de los años 80 sobre microinformática personal (Amstrad acción) y sobre un “maravilloso” programa de gestión de inventarios capaz de gestionar hasta 5 inventarios de hasta 100 artículos y hasta 10 campos por objeto del catálogo, por el módico precio de varios miles de pesetas….

Y por la noche recibo un aviso de cierta megaportal de ventas chino donde me avisa que el artículo ha sido intentado entregar dos veces pero que no ha sido posible y que estará disponible para su recogida en la oficina a partir del día siguiente. Un artículo por valor (gastos de envío incluido) de menos de 10€. Un artículo que a través de su rastreo (“Tracking”) casi monta una pequeña biografía o libro de viajes de dicho periplo.

Un listado completo de una gigantesca cadena logística global donde cada hito de la cadena genera información, bytes y más bytes.

Nos hablan reiteradamente del big data, y la actual generación masiva de teras y terabytes de datos (incluso en ciertas web pueden verse como crecen en tiempo real), pero es difícil visualizarlo e imaginarlo sin pensar primero en casos concretos como este. Y es solo una compra. De varios cientos de millones que se realizan diariamente. Pensar en las dimensiones reales incluso marea.

Y esta perspectiva de abajo a arriba puede emplearse en otros ámbitos… ¿Privacidad y protección de datos? ¿Habías hecho limpieza recientemente de vuestra cartera y de la infinidad de tarjetas de fidelización de diferentes marcas, establecimientos y cadenas de tiendas? ¿Sabéis cuales datos y por cuánto tiempo y para qué uso habéis cedido a dichas empresas? ¿Quienes los almacenan, los custodian y a quienes dirigiros para daros de bajas? Soy una persona de pocas compras físicas pero he necesitado dos tarjeteros para tenerlas relativamente ordenadas. Multiplicad eso por millones y millones de consumidores. ¿Están vuestros datos seguros?

Internet es útil, rápida, fiable, pero también gigantesca, un océano donde es fácil navegar pero también naufragar o chocar contra peligrosos “icebergs” ocultos de los que solo vislumbramos una minúscula parte. Problemas que ya existían en el antiguo mundo analógico pero que en el digital adquieren una escala impensable.

¿Puede hacerse algo? Sí, pero es necesario abordarlo desde una perspectiva muy amplia y a través de regulaciones y normas que pueden quedar fácilmente obsoletas, y de la cual me temo carece la mayoría de la clase política actual.

De mientras hagan lo que puedan. Y naveguen. Pero mantengan el chaleco salvavidas a la vista.

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