Las Google Glass vuelven a la carga

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Google no desiste en su empeño y sigue desarrollando un nuevo modelo de sus gafas inteligentes, las Google Glass Enterprise Edition 2, que disponen de un hardware bastante sobresaliente para un dispositivo tan reducido.

Hoy se han filtrado unas fotografías que nos muestran los primeros prototipos de la segunda versión del modelo empresarial de Google Glass que la empresa está desarrollando en la actualidad.

El procesador que usa es el Snapdragon 710 e integra un módem que le da conectividad 4G sin necesidad de un smartphone. Tiene Bluetooth 5.0 y Wi-Fi 5. La cámara es de 32 Mpx y es capaz de grabar vídeo 4K a 30 fps o vídeo FHD a 120 fps.

Parece ser que el modelo que se ha filtrado todavía usa Android Oreo, pero desconozco por completo la cantidad de memoria de almacenamiento que usa, ni su batería. Eso sí, sé que tendrá 3 GB de RAM, en vez de los 2 GB del modelo anterior.

Este modelo ya no usa un sistema de carga magnética por pines, sino que opta por un puerto USB C como la mayoría de móviles actuales. Seguramente se colocará en la parte trasera de la patilla, donde creo que estará alojada la batería.

Lo más seguro es que Google presente el nuevo dispositivo en el Google I/O 2019, famoso congreso anual para desarrolladores, junto con un nuevo hardware y otras interesantes funciones, porque tengo la certeza de que estas nuevas Google Glass no van a estar enfocadas al público mayoritario, si no a determinadas empresas.

¿Por qué fracasaron las Google Glass hace unos años?

En un primer momento, la tecnología portátil futurista de Google fracasó rotundamente, a pesar de haber despertado unas grandes expectativas en el mercado. La novedosa idea de navegar por Internet desde unas gafas inteligentes causó una gran impresión en todos los empresarios del mundo, porque el concepto de evolución tecnológica pintaba muy bien en el diseño ergonómico de Glass y su funcionamiento a manos libres.

Pero Google Glass fue la crónica de una muerte anunciada porque era un producto imperfecto que nunca superó la teoría: la corta vida de su batería y los asuntos de vulnerabilidad que jamás se formularon, entre otras cosas, lo convirtieron en un producto plagado de múltiples errores.

La polémica estaba servida y la gran mayoría de los establecimientos públicos abrieron el debate sobre la privacidad de las personas que temían ser grabadas en momentos privados. Al poco tiempo, bares, cines, casinos y otros lugares de Las Vegas empezaron a prohibirlas, lo que supuso en ese momento el principio del fin de una de las grandes apuestas de Google.

 

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