Las URL del Google tienen las horas contadas

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En septiembre de 2018, Google anunció que tenía intención de acabar con las URL, aunque todavía no sabía cómo hacerlo. Para el Rey de Internet, las direcciones web se han convertido en una auténtica pesadilla por culpa de las interminables líneas de texto, cada vez más largas e ininteligibles, que pueden poner en serio peligro la información de todos los usuarios, y son capaces de confundir un sitio fraudulento con una página oficial.

La archiconocida empresa cree que no son una buena manera de transmitir la identidad del sitio y, por ese motivo, quiere quitárselas de en medio lo antes posible, cuestionando cómo se deben mostrar los enlaces y descubrir la forma correcta de identificar cada página web.

Cuatro meses después, creen que ya ha llegado el momento de pasar a la acción y hay dos propuestas viables para comenzar con ese proceso. En la actualidad, la mayor medida de seguridad que hay para diferenciar entre una URL verídica y una fraudulenta se centra en los usuarios. El modelo de seguridad web se basa en confiar en que ellos entiendan las direcciones web y sepan identificarla.

Los esfuerzos del equipo de la compañía se centran en descubrir cómo detectar las URL que parecen desviarse de alguna manera de las que son fiables. La clave para conseguirlo es una herramienta interna de código abierto llamada TrickURI, que ayuda a los desarrolladores a verificar que las direcciones web son precisas y coherentes.

Aparte de TrickURI, Google también está esforzándose en crear avisos para los usuarios de Chrome cuando consideren que una dirección es engañosa. Las alertas todavía se encuentran en período de prueba y queda mucho trabajo por hacer. El gran combate es mostrar las partes de las direcciones que son importantes para la seguridad del usuario y filtrar todos los componentes adicionales que hacen que las URL sean difíciles de leer.

Espero que a la segunda vaya la vencida y esta vez Google se salga con la suya porque no es la primera vez que se decide a modificarlas. En 2014, la tecnológica probó a sustituir todo el enlace por el nombre de la página para ayudar a garantizar que los usuarios sabían en qué dominio estaban navegando. Si querías ver la URL completa, podías hacer clic encima y ver toda la información. El experimento obtuvo muchísimas alabanzas por hacer que la identidad web fuera más directa, pero también generó críticas muy duras y les salió el tiro por la culata. A las pocas semanas de aparecer en un esperado prelanzamiento de Chrome, Google dio marcha atrás y todo se fue al traste.

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