Sexting y menores: recomendaciones y causas

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El sexting consiste en la difusión o publicación de contenidos como fotografías o vídeos de tipo sexual, a veces producidos por el propio remitente, y en otras ocasiones producidos por terceras personas, a través de un dispositivo tecnológico. Aunque haya sido la propia persona la que ha dado el paso de enviar o publicar el contenido, una vez hecho esto, dicha persona no tiene control sobre a quién llega la fotografía o el vídeo, ya que todo lo que enviamos a otras personas o publicamos en redes sociales puede ser visto y transmitido de forma masiva a terceras personas, siendo imposible parar la distribución del contenido entre personas que posiblemente ni siquiera conocemos. Además, en contra de lo que se pueda pensar, no son solo los menores quienes hacen uso de este tipo de prácticas, sino también los adultos, quienes presentan un mayor índice de uso.

Además del sexting, otro peligro es el sex-casting, es decir, la “grabación de contenidos sexuales a través de la webcam y difusión de los mismos por e-mail, redes sociales o cualquier canal que permitan las nuevas tecnologías”.

Cuando se publicó el informe, quienes lo realizaron indicaban que, en Estados Unidos, eran más las chicas (65%) que chicos (35%) que enviaban contenidos de tipo sexting, y que “los adolescentes de más edad son más propensos a recibir sexting”. Con respecto a España, el estudio indicaba que “un 4% de los menores entre 10 y 16 años” decía “haberse hecho a sí mismos fotos o vídeos en una postura sexy (no necesariamente de desnudos ni eróticas) utilizando el teléfono móvil”.

Los casos de sexting suelen darse como venganza, abuso, chantaje económico/emocional/sexual, etc., y en el caso de niñas o adolescentes aumenta la victimización debido a estereotipos o tópicos sociales.

Actualmente en España, según datos publicados por la revista JAMA Pediatrics en el mes de febrero, “un número considerable de jóvenes menores de 18 años participan o han participado en prácticas de sexting en algún momento; en concreto 1 de cada 7 (15%) enviando material sensible y 1 de cada 4 (27%), recibiéndolo”. Esto es un reflejo de la falta de control que tiene la persona que aparece en el contenido distribuido sobre el mismo.

Normalmente, los adolescentes que practican sexting lo hacen porque alguien se lo pide, para impresionar o para sentirse bien consigo mismo, y es usualmente la pareja o la persona que les gusta quien recibe este tipo de mensajes. En otras ocasiones lo hacen porque se sienten sometidos cierta presión grupal, y/o porque han recibido contenido de tipo similar. Cuando los menores hacen esto no suelen ser conscientes de las implicaciones que el sexting tiene desde el punto de vista de la seguridad y la privacidad, colocándose a sí mismos en una situación de vulnerabilidad.

Frente a problemas de este tipo, los menores suelen buscar consejo entre sus amigos, quienes no cuentan “con la experiencia, perspectiva o criterio necesario, en muchas ocasiones”.

Principales riesgos para el menor

En primer lugar, mencionar que los riesgos son muy diversos y que rara vez se encuentran aislados, sino que “las situaciones de sexting derivan en diferentes amenazas que aparecen entrelazadas”.

El riesgo más inmediato es la pérdida de privacidad, ya que quien envía el contenido multimedia pierde totalmente el control sobre el mismo, y no se sabe si el receptor va a reenviar lo que recibe a otras personas. Por otro lado, simplemente se puede producir una pérdida del dispositivo o un robo, y aunque las fotos y/o vídeos se hubiesen eliminado previamente, existen programas de recuperación de datos que permiten recuperar archivos eliminados si no se ha realizado un borrado seguro. En ocasiones, este tipo de contenido puede “entrar en el circuito de pornografía infantil”.

Existen también riesgos psicológicos. La persona que sufre por un caso de sexting se puede ver sometida a humillación pública. Entre estos riesgos encontramos problemas de ansiedad, depresión, etc.

Por otro lado, se puede llegar a producir los cada vez más frecuentes casos de ciberbullying. El informe define esta práctica como “el hostigamiento de un menor hacia otro menor, en forma de insultos, vejaciones, amenazas, chantaje, etc., utilizando para ello un canal tecnológico”. El acoso a través de la tecnología hace difícil que el menor escape a sus efectos, ya que actualmente la conexión a dispositivos electrónicos es prácticamente permanente.

Un cuarto riesgo es la sextorsión. Se usan las fotografías o vídeos para extorsionar o chantajear a quien aparece en las imágenes. Hay que tratar estos casos con especial delicadeza, porque el menor suele estar asustado de que la persona que lo extorsiona pueda dar difusión a las imágenes y verse así comprometido públicamente, lo que le puede llevar a “tomar la decisión de acceder a su chantaje”, el cual consiste normalmente en “seguir enviándole fotografías o vídeos de carácter sexual, y, en casos extremos, realizar concesiones de tipo sexual con contacto físico”. Todo esto causa que el menor se muestre reticente y asustado de comunicar la situación a un adulto. Siempre debemos evitar culpabilizar al menor.

Relacionado con el sexting está el grooming. El informe define el grooming como “el conjunto de estrategias que una persona adulta desarrolla para ganarse la confianza del menor a través de Internet con el fin último de obtener concesiones de índole sexual”.

Se dan también riesgos físicos y de geolocalización. Los primeros “se materializan sobre todo en la exposición a pederastas”, ya que las imágenes pueden contener elementos que ayuden a identificar al menor, y que incluso faciliten su localización. De ahí la importancia de no dar a conocer nuestra ubicación en redes sociales como Instagram. En otros casos, son los mismos menores quienes, por motivos explicados anteriormente, acceden a un encuentro personal con el acosador.

Riesgos para los difusores y receptores de imágenes de sexting

Debemos informar a los menores de que los riesgos no solo existen para quien envía la fotografía o vídeo, sino también para quien recibe el contenido. Estos riesgos vienen dados por la elección sobre qué hacer con la información recibida. Son riesgos de carácter legal “y que pueden vincular al receptor de imágenes sexuales con delitos de tenencia y difusión de pornografía infantil”.

Dice el informe que “en algunos países se han llegado a imputar a menores con base en la legislación contra la pornografía infantil”, y que en España se ha abierto el debate “sobre la aplicación a menores de edad de aquella normativa que se creó para protegerles”, puesto que “la legislación española no contempla una figura específica para el sexting”.

No obstante, existen penas expresas para los que acceden a contenidos privados de otras personas sin su consentimiento. Según el artículo 197 del Código Penal Español:

  • El que, para descubrir los secretos o vulnerar la intimidad de otro, sin su consentimiento, se apodere de sus papeles, cartas, mensajes de correo electrónico (…) o intercepte sus telecomunicaciones (…), será castigado con las penas de prisión de uno a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses.
  • Las mismas penas se impondrán al que, sin estar autorizado, se apodere, utilice o modifique, en perjuicio de tercero, datos reservados de carácter personal o familiar de otro que se hallen registrados en ficheros o soportes informáticos, electrónicos o telemáticos (…).
  • El que por cualquier medio o procedimiento y vulnerando las medidas de seguridad establecidas para impedirlo, acceda sin autorización a datos o programas informáticos contenidos en un sistema informático o en parte del mismo o se mantenga dentro del mismo en contra de la voluntad de quien tenga legítimo derecho a excluirlo, será castigado con pena de prisión de seis meses a dos años.

La generación, difusión y posesión de este tipo de contenidos podría llegar a considerarse como creación y distribución de pornografía infantil.

Se castigaría también a quienes produzcan, vendan, distribuyan, exhiban, ofrezcan o faciliten material pornográfico “en cuya elaboración hayan sido utilizados menores de edad o incapaces”, o posea dicho contenido para los fines mencionados, así el material tenga origen en el extranjero o fuese desconocido (su origen). Se considera también delito exhibirse de manera sexual ante menores.

Consecuencias legales para el menor que distribuye

Si el menor tiene entre 14 y 18 años, se le aplicará la Ley del Menor. Las sanciones podrían ir desde la amonestación hasta el internamiento, asistencias a centros de día o prestaciones en beneficio de la comunidad.

En España, por debajo de los 13 años el consentimiento prestado por un menor para tener relaciones sexuales, por lo que se presume violencia o abuso por parte del mayor de edad implicado.

Consejos y recomendaciones

Hay que promover una cultura de la prevención, dándoles a conocer a los menores la importancia de una cultura de la privacidad, que sean conscientes de los riesgos que conlleva exponerse mediante este tipo de prácticas y que valoren su privacidad.

Es importante propiciar un ambiente en el que el menor se sienta cómodo para hablar en caso de que sospechemos que puede estar sufriendo algún tipo de extorsión de las aquí expuestas.

Que los padres sean quienes pagan la totalidad de la factura del teléfono del menor también puede ayudar a prevenir el sexting.

En el caso del sex-casting, ubicar el ordenador (o dispositivo) en un lugar común de la casa también puede reducir el riesgo al que se expone el menor. Si el dispositivo está en la habitación del menor, podemos usar herramientas de control parental que limitan e informan sobre el uso que el menor hace del dispositivo.

Se debe conocer el nivel de seguridad y privacidad de los dispositivos, para evitar vulnerabilidades producidas, por ejemplo, por virus informáticos (malware).

No ser partícipe del sexting: ni creándolo, ni reenviándolo, ni fomentándolo. Si se recibe un contenido de este tipo, hay que parar la cadena comunicándolo a un adulto y eliminando toda foto y/o vídeo del dispositivo.

Dónde denunciar un caso de sexting

En primer lugar, hay que hablar con el/los menor/es implicado/s. Si el menor envía el contenido, hay que hacerle entender cuáles son los riesgos, pero siempre de una manera calmada y sin culpabilizarlo.

Si, por el contrario, el menor está recibiendo el contenido (sexting pasivo), hay que hacerle comprender por qué es importante que no participe en ese tipo de prácticas.

Si el caso tiene lugar en un centro educativo, resulta útil recurrir a la dirección del centro.

Si el contenido ya ha sido expuesto en redes sociales, la persona debe solicitar la retirada de las imágenes poniéndose en contacto con los administradores del sitio web donde se ha publicado la información. También se puede denunciar ante la Agencia Española de Protección de Datos.

Se recomienda también consultar a un profesional para ayudar con la repercusión psicológica que todo esto causa en el menor, y hay que prestar atención a su entorno para evitar que lo humillen en las redes sociales y/o en el mundo real.

A quién podemos recurrir

 

Enlaces de interés

 

Fuentes:

  • Oliver, Diana (2018, 11 de marzo). “Sexting” entre adolescentes, una práctica en aumento y cada vez más pronto. El País. Fecha de recuperación: 23/12/2018. Sitio web.
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